La digitalización ha transformado a las personas consumidoras, trayendo consigo grandes desafíos al comercio local, como la necesidad de ofrecer experiencias de compra valiosas que conecten con las necesidades de los consumidores actuales y satisfagan sus expectativas.
Este reto es especialmente difícil para los comercios en pequeñas poblaciones
o zonas rurales, que carecen de una masa crítica de clientes potenciales y cuya lejanía de áreas comerciales urbanas supone un coste adicional de tiempo y dinero para los consumidores, haciendo la experiencia menos competitiva frente al comercio electrónico.